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Carta de expiación

¿Existe acaso el amor como impulso de la cofradía o será solo una pulsión frente a la soledad? Cada vez que pienso en el desgarramiento de la compañía y en la sempiterna necesidad humana de generar lazos me pregunto si en verdad la criatura humana, más que un ser social, no será sólo cobarde. He notado que enfrentar el silencio, soportando el martilleo del mundo interior, es el motivo que resplandece a la hora de buscar el escapismo de la compañía. El humano sin dudas ha logrado alcanzar el éxtasis del entretenimiento. Me pregunto si estará motivado por la evolución de las relaciones o será solo un modo de desgarrar al ser que lucha, una manera de desintegrar la forma del ente pensante. No hay engranaje de nuevas ideas sin el necesario aburrimiento, no hay motor de búsqueda si no hay dificultad o retos. La hiper comodidad crea difuntos que viven apenas, nativos digitales perdidos ante el asomo de una nueva era. Una época sin guías que la pre exista, una raza sin características, criatu...

El festival alegre

 Cuando mi familia emigró de Japón para instalarnos en Argentina yo tenía dieciséis años. Mi papá era gerente de alto rango en una petrolera y nos vinimos a vivir acá. Recuerdo que el contraste cultural fue inmenso y se me hizo muy difícil acostumbrarme al cambio. Sin embargo, esta historia no es sobre mí ya que no creo que una mudanza pueda ser interesante. Fallan algunos escritores en pensar que la historia que escriben es la que quieren escribir. Uno escribe la historia que se debe contar.  Esta historia es sobre un maestro que tuve en la escuela primaria, allá en Japón, llamado Kei san. En realidad, Kei san nunca fue mi maestro de clases.  Cuando yo era chico él enseñaba en grados más altos, y cuando llegué a grados más altos él enseñaba en secundaria, y cuando llegué a secundaria él ya no trabajaba en el aula. A pesar de esto, fue mi maestro durante todos esos años. El maestro Kei san se distinguía del resto de los docentes de la escuela a la que yo iba, y más adelan...

Calistenia

 El despertador de Juani era una música suave que su mamá Laura prendía todas las mañanas mientras la taza de leche daba vueltas en el microondas. A veces sonaba Ricky Martin, a veces Coldplay, a veces música relajante de Youtube. Entre la música y los primeros vestigios de la luz que entraba por la ventana, Juani escuchaba el pitido del microondas y sentía el olor a chocolate y sabía que el día había empezado. La cama calentita lo atrapaba con sus pinzas de pulpo y la almohada le susurraba al oído mil razones para quedarse acostado, pero Laura aparecía con la taza caliente en una bandeja con vainillas y Juani no podía evitar sentirse tentado por este tentempié.  Mientras Juani iba al baño en calzoncillos y medias blancas, Laura le preparaba el uniforme de colegio sobre la cama y le dejaba al lado de la alfombra las zapatillas que tenía que usar ese día porque en el colegio hacían deporte.  En el colegio Juani jugaba al fútbol y al softbol, siempre lo elegían primero y lo...

Puntos de vista 1

 Un padre divorciado es observado a través de la ranura anónima de unas persianas. Hace mucho que su hija Sofía y su mujer Mónica no aparecen en escena.  Desde la ventana, torpe postal del espía de barrio, no se llega a ver que detrás del perchero en la sala hay una puerta, y al abrirla una escalera. Desde la ventana no se puede oler la humedad que busca escapar del sótano, ni se siente el calor sofocante, el ambiente pesado que envuelve el cuerpo al descender y hace temblar los huesos sin motivo. No se puede oír desde la ventana de espía crédulo cuando el padre divorciado baja al oscuro sótano con una bolsa de pan y al abrirla grita “Sofi, Mónica, ¡a comer!”.

Puntos de vista 2

Se sacudía el manzano empujado por el viento de un lado a otro, cargado de frutas rojas y otras aún verdes que se aferraban para no desprenderse. Todas las manzanas sabían que quienes caían se deshacían en el barro del tiempo, fagocitadas por los elementos del clima.  El objetivo de sus vidas era brillar y verse sabrosas para tentar al humano que las descolgaba cada tanto. Soñaban ser elegidas para salvarse del triste derretimiento. Ansiaban ser seleccionadas para viajar al otro mundo, al otro lado del tiempo, a un lugar desconocido pero aún así menos temido que caer y ser consumidas por las aves rapaces y los gusanos transformadores.  Ser peladas vivas, despedazadas a mordiscos y cortadas en rodajas no era una preocupación que se les ocurriera.  Cada manzana cargada de semillas prueba que la muerte da paso a la vida. 

Cuando la Tierra dejó de rotar

Científicos lo advirtieron alrededor del año 2091. La velocidad de rotación empezó a disminuir de una manera imperceptible al principio, pero fue escalando en pocos años. Dijeron que el exceso de carbono, de gases y de metales en la atmósfera modificó el balance de las partículas magnéticas en los polos, y ambas situaciones fueron empeorando en un círculo mortal.  Notamos que los días empezaron a alargarse cuando las horas de luz no entraban en el reloj y de a poco los cuerpos fueron sintiendo la fatiga de los días más extensos. También las noches fueron alargando el oscuro descanso hasta que ya no era posible dormir todas sus horas. Entonces los ánimos empezaron a alterarse, cambiaron los hábitos, surgieron nuevos espantos.  Empezamos a preguntarnos qué iba a pasar cuando la rotación se detuviera por completo. ¿Significaba eso que la mitad de la Tierra nunca más vería la luz del sol? Me daba escalofríos imaginar la penumbra del espacio helado sepultando bajo gris muerte a med...

Voces y vicios

25 de septiembre de 1953, Theobald, Santa Fe Mi nombre es Alan Tomás Piedrabuena y escribo estas líneas para liberar mis sentimientos. Si alguna vez ojos curiosos llegan a toparse con ellas, le ruego a Dios que entenderán lo que sufrí en mi terrible existencia.  Perseguido por un cielo de demonios exploro los rincones, los tarros y las hendijas. Destapo botellas y huelo con suspicacia, quiero encontrar lo que no he perdido. Las venas se me llenaron de rojo vino y mis pulmones, con gris escarcha, pinchan la espalda que los protege. La garganta se me entubó para tragar humos sin sabores, y hasta los músculos cansados me piden que los use y los agote.  Adentro mío no estoy solo, ¿cómo podría quedarme quieto? El impulso que más me vence es el de la carne con sus deseos morbosos. El Patañjali me lo enseñó, leí los Sutras, el Bahavad, la Biblia, y tantos otros textos sagrados. Mi mente entiende la bondad absoluta y mi pecho henchido se llena de gracia cuando siento que corre en mis ...